Lo juro por mi loro

loroCuando era niño tenía un lorito. Un lorito de aquellos que protegíamos de los gatos malignos que venían a intentar comérselo todos los días cuando lo sacábamos a la azotea a que respire un poco el aire puro de Lima.  Era ahí, en medio de la intoxicación por smog, que los gatos intentaban abrir su jaula para guisarlo … pero mi loro nunca se dejó.

Hace tiempo que ya no lo veo porque se escapó, pero hoy me he acordado del loro porque yo le enseñé a hablar.

Como todo muchacho joven y mañoso – lo dirán quienes tienen un hermano menor -, siempre que las amigas de mis hermanas venían a hacer algún trabajo del colegio, yo las cireaba. Es decir, me ponía de mis mejores pintas y sacaba mis mejores mocos para molestarlas cuando era niño y me las daba de rico cuando era joven.

Me acuerdo de una nena muy especial: Pamela. Ahh, Pamela, Pamelita. Ojos castaños, pelo negro lacio y largo … una diosa. Tenía muchas pequitas en su cara y me ponía a mil.

Sin embargo, para comunicarme con ella tenía que hacer piruetas malditas, como las de todo niño: hacer una idiotez media curiosa que le arranque una sonrisa. Con ella fue que aprendí a ser un dandy, pero había algo que se ponía en nuestro camino: su celular.

Ah, el celular maldito. Paraba mandando mensajes de texto. Así que junté de mis domingos y fue que compré mi primer celular. Y sin querer queriendo, un día me robé el de mi hermana y me pillé su número. Y nos comenzamos a mensajear.

Al principio genial, porque como que era curioso que te mensajees con el hermano menor de tu mejor amiga – algo prohibido, cohibido, malo maloso, pecaminoso -, pero no resultaba mucho. Así que vi en mi loro una salida.

Cada vez que Pamela llegaba, mi loro recitaba un verso.

- ¡Qué linda nena la que veo pasar!

Claro, que se lo decía a medio mundo, pero ahí entraba yo.

- Qué bonito tu loro, Emilio
- Es que mi loro, como yo, sabe apreciar la belleza.

Luego pasaba mi abuela y le decía lo mismo, pero en fin … errores de sistema.

Lo cierto es que Pamela, luego de tanto tira y afloja, aflojó y me invitó a una fiesta.

Yo me sentía en la gloria tremenda, así que fui a arreglarme. Me peiné las mechas, pulí mi piercing y enrumbé hacia el lugar de encuentro… para encontrarme a mi hermana.

- Pamela es una chica mala, te iba a presentar a su prospecto de novio para que la ayudes.

Al final, resultó cierto. Lo juro por mi lorito, que en la panza de un gato descance, que esta vez yo fui el perjudicado. Como siempre.

Y para recordar a mi loro:

4 Comentarios

  1. Sandra Dice:

    jajaja .. weno al menos tu fuiste mejor dueño q yo .. a los 6 años se me ocurrio tener dos lorito y …. un gato .. jaja … no es necesario decir q el unico vivo fue el gato xD!

  2. mayra Dice:

    pucha q emilio haste un limpia! xq tienes una suerte….. X_x

  3. rOx Dice:

    jaaaaaaa

  4. Abiyael Dice:

    jaaaaa… ese loro del video … da miedo :S… prefiero uno q diga como tu lor Emilio “¡Qué linda nena la que veo pasar!”.. jaaa…

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