Ah, belleza de cuadro, ¿no? Miren los trazos, la textura, el color … cómo ha sido retratado el ambiente. Este cuadro del francés Honoré Daumier es un clásico de la pintura realista. Ahora, antes de que el 90% de mis lectores se vaya – ya que está probado que muchas personas dejan de leer cuando leen un nombre extraño en el inicio de una historia – les comentaré que hoy me siento inspirado.
Y de seguro se preguntarán por qué. Y fácil que hasta alguno o alguna dirá que será porque he encontrado una nueva Emilia. No, no gracias, por ahora no estoy en cacería de locas. Estoy feliz porque mi cuadro salió muy bacán y mi profesora me puso una estrellita en la frente y me dejó comer plastilina.
Bueno, es una forma de decirlo, pero a veces creo que los profesores de arte nos enseñan como si es que nosotros fuéramos niños.
Lunes.
Ya se acaba Noviembre y es hora de ir comenzando a analizar qué es lo que ha pasado este año. Cómo empecé el 2009 – como todos: borracho, en una fiesta, en la playa y bien acompañado con una mina – y cómo estoy terminándolo – con un blog genial, mis 4 gatos a quienes quiero mucho y bien acompañado con ellos -.
Para una de mis clases de la universidad me han pedido analizar el por qué del vuelo del mosquito. Ustedes saben: esos cursos en los cuales te piden abstraerte – si, más – de la realidad para poder entenderla y tratar de darle una explicación racional a algo que tienes al frente. Y uno de esos algos, algo que siempre me ha rondado la cabeza, es: ¿qué significa la persecución del Correcaminos?
No, no vamos a hablar de política ni esas cosas - no se me asusten -. Pero eso me ha hecho pensar en cuál sería el mejor agente secreto de la historia de la humanidad y sus alrededores.
Durante el fin de semana nos aprestábamos a tomar otra cena de domingo junto con mi papá que está fuera del país. Y, como siempre, vino hasta mi abuelita querida a sorprenderse, al mismo nivel que yo, sobre cómo la tecnología ha llegado hasta el punto en el cual nos podemos sentir tan cerca de alguien que está lejísimos.
Cuando era niño tenía un lorito. Un lorito de aquellos que protegíamos de los gatos malignos que venían a intentar comérselo todos los días cuando lo sacábamos a la azotea a que respire un poco el aire puro de Lima. Era ahí, en medio de la intoxicación por smog, que los gatos intentaban abrir su jaula para guisarlo … pero mi loro nunca se dejó.
Hoy acabo de tener una revelación en el mundo de la tecnología: existen dos bandos que se pelean por la supremacía del mundo. Si, los de MAC y los de PC.
En vista que se acerca ya las navidades y que escribirle una carta a Papa Noel ya es algo totalmente desfazado – supongo que el, como yo, ya debe haber aprendido a usar su email -, me gustaría compartir con ustedes mis deseos navideños a ver si es que alguien se apunta o me dice dónde diablos puedo conseguir el celular de mis sueños.
Hace algunos días, les comentaba acerca de
Ah, los recuerdos de la infancia me han venido a la mente. Para qué, son recuerdos buenos de juegos infinitos y varias cosas más, pero una de las cosas que más recuerdo son las incontables horas que pasaba frente al televisor con mis hermanas, disputándome por el control del mismo y viendo que mis esfuerzos eran futiles, terminé por tener un amplio conocimiento de las historias de Candy y Plaza Sésamo.
Esa es una de las fases famosas de Cartman, el conocido gordito – fuertecito – personaje de South Park, del cual hoy voy a hablar, para darles un poco de respiro de mis aventuras digitales y cómo estas me paran haciendo perder puntos con las nenas que conozco.



