¿Qué significa la Noche Buena?
La Noche Buena para mi es …
- Aguantar los gritos de tu madre gritándote porque no le ayudas para armar todas las pequeñas cositas que ella quiere hacer para la cena de medianoche.
- Aguantar los berridos de tus hermanas porque ellas no ayudan a tu madre para armar todas las cositas pequeñas que ella quiere hacer, teniéndolas que hacer tu.
- Aguantar el tener que escuchar todo el tiempo: “pero mamá, que eso lo haga Emilio, que es más alto” cuando quieren bajar las fuentes para servir la comida.
- Tener que ir a comprar cohetes a casi el final del día, como a las 10, porque papi siempre lo hacía y ahora lo tengo que hacer yo.
- Barrer toda la casa y luego que venga cada una de mis hermanas y me diga: “te faltó aquí”.
- Que tu madre venga y te haga probar cuchumil recetas para que luego llame delivery al Hotel Sheraton porque no le va alcanzar el tiempo para preparar el pavo.
- Caso contrario, llevar y recoger el pavo de la panadería.
Ah, también el nacimiento de Jesús.
Como ven, Emilio es quien trae la navidad a casa.
Jo, jo, jo … der.
Lunes.
Cuando era niño tenía un lorito. Un lorito de aquellos que protegíamos de los gatos malignos que venían a intentar comérselo todos los días cuando lo sacábamos a la azotea a que respire un poco el aire puro de Lima. Era ahí, en medio de la intoxicación por smog, que los gatos intentaban abrir su jaula para guisarlo … pero mi loro nunca se dejó.
En vista que se acerca ya las navidades y que escribirle una carta a Papa Noel ya es algo totalmente desfazado – supongo que el, como yo, ya debe haber aprendido a usar su email -, me gustaría compartir con ustedes mis deseos navideños a ver si es que alguien se apunta o me dice dónde diablos puedo conseguir el celular de mis sueños.
Hace algunos días, les comentaba acerca de
Una de las cosas que debo aceptar de los hombres es que somos todos demasiado pisados. No en el sentido que seamos sacolargos, sino en el hecho que somos demasiado manipulables.
Una de las cosas que debería comenzar a cambiar de mi perfil es que ya no salgo a jugar pichanga tanto como antes. ¿Por qué? Porque he sido absorvido por este mundo tecnológico que cada día me gusta más. Pero hay elementos con los cuales todavía me estoy peleando más duro de lo que creen. Por ejemplo: los edificios altos.
Me dio la gravísima enfermedad del chucaque, el patatús, el plop de los plops.
Esa es una de las excusas más rastreras y mentirosas que podrías decirle a tu profesor. Pero hay algunos que se la creen, como los que no se la creerían por nada del mundo.
