Ahora que no tengo celular desde hace unos días, me he vuelto un poco más tranquilo con respecto a la tecnología. Si bien lo de Movistar me ha solucionado varias cosas, estar a veces un poco desconectado me daba ciertas libertades: admirar el cielo azul antes de que caiga la lluvia nocturna y salir a caminar.
No que ahora no lo haga, sólo que cada vez me gusta más estar por aquí, leyendo cosas entretenidas. Sin embargo, el hecho de tener que crear algo – ya sea una pintura o lo que sea – hace que me nuble y me ponga “en la zona”: nada más importa.
¿A qué viene todo esto? A que los mensajes de la candidata más fuerte a Emilia me traían de nuevo a la realidad. ¿Y cómo me llegaban esos mensajes? Vía el celular.
Como he estado navegando por muchas páginas web ahora que me estoy comenzando a sentir muy cómodo en Internet, me encontré con estas páginas que hablan sobre lo oculto, el esoterismo y esas cosas más. Claro, que son altamente no creíbles, por el mismo hecho de que la astrología es una pseudociencia que intenta emular la astronomía, que habla de los cuerpos celestes y esas cosas.
Empezando por el principio y sin prolongar este comenzar, la historia con Paola se la conocen al derecho y al revés, como si de un panfleto de telenovela repetida de Televisa se tratara. Y para serles sinceros, es una historia plana y los personajes son unidimensionales … en fin. Si yo lo leyera, me iría corriendo y no regresaría jamás.
Continúa de este 
Hace mucho, mucho tiempo, en una escuela muy, muy lejana, vivía un muchacho llamado Emilio, al que llamaban “Aquel que nunca revisa su Email”.
Antes de estar muy metido en el mundo de la Internet, existían una cosa que se llamaba “llamar por teléfono”.
Algo que a mi siempre me ha vacilado es que tengo muchos amigos que escuchan canciones en inglés sin hablar o entender inglés. Cuando les pregunto de qué trata la canción, casi siempre me dicen:
Si no fuera por el servicio de Movistar, no me hubiera enterado de que Paola – la ex, para mis nuevos gatitos -, me envió un correo muy escueto en el cual me decía:
Tenía muchas ganas de volver a ver a Magdalena, una chica que vino de intercambio desde Venezuela hace un año. Todavía me acuerdo su nombre: Magdalena Valencia. Era una de esas muchachas de garbo, altura, que siempre nos tendría en la palma de su mano con un movimiento de sus caderas. Ella era todo un tango de Gardel, por así decirlo …
Así como olvido leerlos… también me olvido de enviarlos.
Tener enamorada supone un gasto monetario incrementado. No es que Paola sea roña ni nada, pero cada salida que planeamos supone la típica conversación con mi mamá.
Jimena y yo éramos muy buenos amigos. Era de ese tipo de relaciones que tienes con una amiga a la cual ya le dejas de ver el lado sexy y la tratas como si fuera tu hermana… algo así como un ser asexual. Claro, ella me contaba sus desbandes en las discotecas y a quién se quería levantar – lo que provocaba en mi algo de repulsión, a pesar que estaba más buena que el pan con mantequilla -, a lo que ella me respondía con consejos para gilear alguna fémina que pasaba por la escuela.
Varias veces pasa que mis hermanas hacen trabajo en equipo para sabotear la relación de una tercera que no les cae. Es una cosa como cyber-bombing o dejar en off-side a alguien vía MSN. Y como paran prendidas ahí, he sido testigo de varios correos comprometedores.
(Esta es la continuación de 



